El gol no se presenta en La Rosaleda

Si el Málaga quiere no llorar el descenso a final de Liga, no le queda otra que rezar para que sus delanteros empiecen a marcar goles. De p...

Si el Málaga quiere no llorar el descenso a final de Liga, no le queda otra que rezar para que sus delanteros empiecen a marcar goles. De poco le valdrá intentarlo, acercarse a la meta rival si los Borja Bastón, En-Nesyri y compañía no aciertan con la meta rival.
La intención de los de José González es muy buena, el equipo ha mejorado en estas dos semanas, pero a estas alturas ya sólo vale sumar de tres en tres. Y dio la sensación que, con muy poco, el Girona sacó bastante de su visita a La Rosaleda.
La primera parte fue trabada. Con un Málaga intenso ante un Girona que parecía ausente. Echado atrás, sin mucha intensidad y con una marcha corta en su fútbol. Toda la iniciativa era para los de José González, que fueron los únicos que tuvieron ocasiones.
El mejor de los primeros 45 minutos, de largo, fue Keko. Un quebradero de cabeza para la defensa catalana. Suya fue la ocasión más clara. La Rosaleda ya cantaba gol cuando Bono hizo un paradón al remate de cabeza del 20 malacitano. Estelar el portero del conjunto de Machín. Hasta el descanso, más de lo mismo. El Málaga lo intentaba sin éxito y al Girona le bastaba con lo poco que estaba haciendo para no ir perdiendo.
Se puso más parejo el partido tras el paso por las casetas. El Girona espabiló un poco y, aunque sin brillo, lo que se veía sobre el césped era un poco -tampoco mucho- más entretenido. Descubrimos que Roberto estaba bajo palos en el Málaga en el minuto 52. Un centro-chut de Granell lo atrapaba sin problemas el portero, que no había salido en la tele hasta el momento. Mediada la segunda mitad, los miedos de los de José González estuvieron a punto de reaparecer. Uan cabezazo de Stuani silenció La Rosaleda, que respiró al ver que la pelota se iba alta.
El hombre de la noche era Samu García, que volvía al Málaga. José González le dio minutos pese a llevar pocos días con sus compañeros. El esfuerzo de la primera parte le estaba pasando factura al Málaga, que veía cómo el Giroa se hacía poco a poco con el partido. Y más cuando Chory, en una entrada muy dura en el minuto 78', veía de forma justa la segunda amarilla y se iba a la ducha antes de tiempo. Le tocaba remangarse a los costasoleños.
El gol no apareció. Y tampoco estuvo cerca de hacerlo. No fue un partido bonito para ver, aunque es de esos duelos que les gusta a los entrenadores por el orden táctico. No creo que los aficionados que se mojaron en La Rosaleda piensen lo mismo. Lo bueno para el Málaga es que no pierde con su nuevo entrenador. Lo malo, que tampoco gana. Y enfrente un Girona que vive muy tranquilo en su debut en la máxima categoría.

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